Por José Juan Martínez | Gerente de soluciones
Durante muchos años, una parte importante de los problemas eléctricos en la industria se podía resumir en unas cuantas preguntas: ¿tenemos un buen factor de potencia?, ¿los armónicos se encuentran dentro de límites aceptables?, ¿existe flicker?, ¿la tensión se mantiene dentro del rango esperado?
Todas esas preguntas siguen siendo importantes.
Lo que está cambiando es que, en algunas redes industriales, ya no son suficientes para entender por completo el comportamiento del sistema eléctrico.
Una instalación puede presentar valores aceptables de factor de potencia, distorsión armónica o tensión durante determinada condición de operación y, aun así, tener dificultades cuando ocurre una falla, una variación rápida de carga, la conexión o desconexión de un equipo importante o una interacción entre varios convertidores.
Por eso la conversación se está ampliando. Además de calidad de energía, cada vez resulta más importante hablar de respuesta dinámica, fortaleza de red e interacción entre equipos basados en electrónica de potencia.
No significa sustituir una disciplina por otra. Calidad de energía y estabilidad eléctrica estudian fenómenos distintos, aunque en los sistemas modernos algunos de ellos están cada vez más relacionados.
Ya no basta siempre con preguntar cómo se encuentra la red. En determinadas aplicaciones también necesitamos entender cómo responde cuando algo cambia.
Cuando hablamos de calidad de energía normalmente analizamos fenómenos como factor de potencia, armónicos, flicker, desbalance, variaciones de tensión, huecos de tensión, sobretensiones y transitorios. Cada indicador responde a una pregunta específica.
El THD o distorsión armónica total, por ejemplo, permite cuantificar el contenido armónico de una señal respecto de su componente fundamental. El Pst, utilizado para evaluar flicker de corta duración, caracteriza fluctuaciones de tensión asociadas con la percepción de parpadeo. El factor de potencia, por su parte, ayuda a describir cómo se relacionan la potencia activa y la potencia aparente demandada por una instalación.
Nada de esto ha perdido relevancia. El problema aparece cuando pretendemos utilizar estos indicadores para responder preguntas para las que no fueron diseñados.
Conocer el THD no necesariamente explica cómo responderá un convertidor durante una perturbación. Conocer el factor de potencia promedio no indica por sí solo a qué velocidad cambia la demanda de potencia reactiva. Y conocer la tensión RMS en operación normal tampoco permite determinar, por sí sola, cómo se recuperará el sistema después de un evento.
Por eso es útil distinguir entre caracterizar determinados fenómenos de la señal eléctrica y estudiar el comportamiento dinámico del sistema que produce esa señal. Ambas perspectivas son necesarias.
La estabilidad, en términos generales, está relacionada con la capacidad de un sistema eléctrico para mantener o recuperar una condición de operación aceptable después de una perturbación. Esa perturbación puede ser una falla, una pérdida súbita de carga o generación, una maniobra, una modificación importante de potencia, una variación rápida de un proceso industrial o una interacción entre controles electrónicos.
No todos estos fenómenos ocurren en la misma escala de tiempo ni se estudian de la misma manera. Por eso hablar simplemente de una red “estable” o “inestable” puede ser demasiado general.
La pregunta útil es otra: ¿qué fenómeno estamos intentando entender y en qué escala de tiempo ocurre?
En algunos casos el problema estará relacionado principalmente con tensión. En otros, con frecuencia. También pueden aparecer oscilaciones, resonancias o interacciones asociadas a los controles de los convertidores.
Una red puede verse completamente normal durante una condición estable de operación y presentar un comportamiento muy diferente cuando cambia rápidamente la carga, ocurre una falla o varios equipos electrónicos responden al mismo evento. Ese comportamiento dinámico no invalida los indicadores de calidad de energía; simplemente exige una capa adicional de análisis.
Aquí aparece otro concepto que está tomando mayor relevancia: la fortaleza de red.
De manera intuitiva, una red fuerte presenta una menor sensibilidad de tensión ante cambios en la corriente o potencia intercambiada en un determinado punto. Una red eléctricamente más débil puede presentar una mayor variación de tensión ante esos mismos cambios.
La impedancia equivalente de la red y la potencia de cortocircuito disponible forman parte de esta discusión, pero no describen por sí solas todos los fenómenos asociados a fortaleza de red.
Uno de los indicadores utilizados es el Short Circuit Ratio (SCR), que relaciona la potencia de cortocircuito disponible en un punto de conexión con la capacidad del recurso conectado. Puede ser una referencia útil, especialmente como indicador inicial en aplicaciones con recursos basados en inversores, pero no debe interpretarse como una medida universal de estabilidad.
La topología de la red, su impedancia, la proximidad eléctrica entre equipos, la cantidad y características de los convertidores conectados y sus estrategias de control pueden modificar considerablemente el comportamiento real del sistema.
Por eso dos redes con valores similares de potencia de cortocircuito no necesariamente responderán de la misma manera ante una perturbación. La fortaleza de red debe entenderse como una característica del sistema, no solamente como un número.
Las plantas industriales están incorporando cada vez más equipos conectados mediante electrónica de potencia: variadores de velocidad, rectificadores, UPS, sistemas fotovoltaicos, almacenamiento con baterías y diferentes tipos de compensadores electrónicos, entre otros.
Esto ofrece ventajas importantes en eficiencia, control y velocidad de respuesta. Pero también introduce una diferencia fundamental respecto de muchos equipos eléctricos tradicionales: parte de su comportamiento frente a la red está determinado por sistemas de control.
Dos equipos pueden consumir la misma cantidad de MW y, sin embargo, responder de manera muy diferente durante una perturbación. De la misma forma, conocer únicamente la potencia nominal de un convertidor no permite describir completamente su comportamiento dinámico. Importan también sus límites de corriente, estrategia de control, condiciones de operación y características de la red a la que está conectado.
Este tema ha recibido mucha atención en sistemas de transmisión con alta concentración de recursos basados en inversores. Eso no significa que todas las plantas industriales deban considerarse automáticamente redes débiles ni que los mismos problemas se presenten en cualquier instalación.
Sin embargo, estos conceptos pueden volverse relevantes en redes industriales con alta concentración de convertidores, grandes cargas dinámicas o una potencia de cortocircuito limitada respecto de la capacidad conectada.
En esas condiciones, la pregunta deja de ser únicamente cuántos MW o Mvar están conectados. También importa cómo responden esos equipos y cómo interactúan entre sí.
Los estudios tradicionales de flujo de potencia, cortocircuito, coordinación de protecciones, armónicos y calidad de energía siguen siendo fundamentales. Dependiendo del fenómeno, puede ser necesario complementarlos con análisis dinámicos.
Los modelos fasoriales o RMS, utilizados ampliamente en estudios de sistemas eléctricos, permiten representar eficientemente una gran cantidad de fenómenos. Los modelos EMT, o de transitorios electromagnéticos, incorporan un nivel mayor de detalle temporal y pueden resultar necesarios cuando se estudian fenómenos rápidos, conmutaciones, interacciones entre convertidores o comportamientos que no quedan adecuadamente representados mediante modelos fasoriales.
Pero utilizar un modelo más detallado no convierte automáticamente un estudio en uno mejor. La selección de la herramienta debe depender del fenómeno de interés, y la calidad de los resultados seguirá dependiendo de que los modelos, parámetros, condiciones de operación y supuestos sean adecuados.
También es importante observar el sistema completo. Una nueva carga modifica los flujos de potencia. Un transformador introduce impedancia. Un banco de capacitores modifica la respuesta en frecuencia de la red. Un filtro interactúa con las impedancias existentes. Un convertidor agrega una nueva dinámica de control. Un BESS introduce otra fuente capaz de intercambiar potencia activa y reactiva con el sistema.
Individualmente, cada equipo puede cumplir correctamente con su función. El comportamiento conjunto puede ser diferente.
El objetivo, por lo tanto, no es utilizar el software más complejo ni estudiar cada proyecto con el mismo nivel de detalle. Es seleccionar el análisis adecuado para responder la pregunta correcta.
Uno de los errores más comunes al enfrentar estos problemas es comenzar por la solución: “necesitamos un banco de capacitores”, “necesitamos un STATCOM” o “necesitamos un BESS”.
La primera pregunta debería ser más básica: ¿qué necesita hacer eléctricamente el sistema?
Si se requiere compensación reactiva relativamente estable, un banco de capacitores puede ser una solución adecuada, siempre que las condiciones de la red permitan su aplicación. Si existen requerimientos de compensación dinámica, tecnologías como SVC o STATCOM pueden participar dependiendo de la velocidad, rango y características requeridas.
Los filtros pueden utilizarse para atender determinados fenómenos armónicos y, dependiendo de su configuración, aportar también potencia reactiva. Un sistema de almacenamiento con baterías puede intercambiar potencia activa y reactiva, pero su contribución al comportamiento dinámico dependerá de su dimensionamiento, convertidor, reserva disponible y estrategia de control.
También existe un interés creciente en convertidores Grid Forming. De forma simplificada, un control Grid Formingpermite que un convertidor establezca una referencia propia de tensión y frecuencia, en lugar de depender exclusivamente de una referencia externa para sincronizar su operación. Esto puede aportar características útiles en determinados sistemas, pero no debe interpretarse como una prestación única ni como garantía automática de estabilidad.
De la misma manera, tecnologías tradicionales como los condensadores síncronos pueden seguir siendo apropiadas cuando se requieren determinadas características de soporte de tensión, potencia de cortocircuito o comportamiento dinámico.
No existe una tecnología universalmente superior. La solución correcta depende de qué comportamiento necesita el sistema y de las restricciones particulares de la aplicación.
Hablar de estabilidad de red no significa dejar atrás la calidad de energía. Significa ampliar la conversación.
Seguiremos necesitando analizar factor de potencia, armónicos, flicker, desbalance y niveles de tensión. Pero en determinadas instalaciones también tendremos que preguntar qué tan sensible es la tensión ante cambios de potencia, cómo responde el sistema ante una perturbación, qué equipos participan en el control de tensión, si existen interacciones importantes entre convertidores y cómo se recupera la red después de un evento.
No todas estas preguntas aplicarán a todos los proyectos. Esa es precisamente la razón por la que el diagnóstico debe venir antes que la tecnología.
Las redes industriales están incorporando cargas más grandes, procesos más dinámicos y una mayor cantidad de electrónica de potencia. Conforme esto ocurre, entender únicamente las condiciones eléctricas de operación puede dejar de ser suficiente en algunos sistemas. También tendremos que entender su respuesta.
Antes de decidir qué equipo instalar, necesitamos entender qué comportamiento necesita la red.
Ese debe seguir siendo el punto de partida.